Volar en Sky Airlines

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Por ser del norte y tener mi familia allá -madre e hijo- viajo constantemente a Iquique. Este año he tenido la suerte de haber estado unas cinco veces. La última para las fiestas patrias pasadas, regresando a Santiago -capital de Chile- el 21 de septiembre. Tomé un vuelo en Sky Airlines que salió cerca de las 18.15 horas de Diego Aracena, el aeropuerto de Iquique. Con una escala en Antofagasta, nuestra llegada a Merino Benítez, la terminal santiaguina, estaba estimada para las 21.15 horas. Como mi altura es considerable, mido 1,94 centímetros, normalmente hago lo imposible por conseguir asiento en la fila de emergencia, la que posee un mayor espacio para las piernas. Y esta vez no fue la excepción. También suelo escoger el lado de la ventana, para que nadie me moleste si quiere pararse o ir al baño. Acostumbro a volar en Lan, pero creo que su cuasi monopolio ha implicado una merma en la calidad del servicio hacia los clientes. La comida desapareció, a cambio de una trilogía perfecta para la acidez -una bolsita de maní salado, un brownie y un alfajor-; asi como también ya no hay la misma variedad de bebestibles, no son raros los retrasos de las salidas y los precios considerablemente más caros que otras compañías. Pero en fin, esta vez decidí volar en Sky. Desde el despegue noté un ruido extraño en el motor. Una especie de zumbido que aumentaba y disminuía su intensidad constantemente. Me imagibana que era la turbina del avión la que provocaba el sonido. Por la ventana podía ver toda el ala derecha y trataba de mirar si algo pasaba con el motor de ese costado. Una vez alcanzada la altura crucero y después de algunos minutos, noté que el avión hacía un leve giro a la izquierda. Luego se repitió la misma situación. De todas las veces que he regresado, ningún piloto había hecho tantas maniobras en pleno vuelo. Salvo las necesarias para despegar o aterrizar, la ruta -ya sea ida o vuelta- es prácticamente una línea recta y no tiene mayores exigencias para un piloto. Mi preocupación aumento cuando el capitán señaló que haríamos una escala técnica en Antofagasta. Yo entendía que la escala era comercial y no técnica. Y aunque luego el mismo capitán se corrigió afirmando que era una escala programada, me quedé con la sensación de que para el jefe de la aeronave era necesario chequear algo del avión. Cerca de media hora estuvimos en Cerro Moreno, el aeropuerto de Antofagasta, y retomamos el vuelo a Santiago. De nuevo el zumbido y se sumaron algunas turbulencias. Cuando me estaba quedando dormido, cerré una de las ventanas ya que el sol me daba en la cara. Para mi sorpresa raudamente una azafata la volvió a levantar y con voz seria me señaló que en la fila de emergencia no se podía dormir. Jamás me había ocurrido y he dormido en esos asientos. Me concentré en una lectura hasta que llegamos a Santiago. Ya en mi departamento y viendo las noticias de la medianoche, me entero que al día siguiente el noticiero preparaba un reportaje especial sobre el eventual riesgo que implicaba volar en Sky. Eran denuncias de pasajeros sobre incidentes en vuelos y observaciones de la autoridad de la aeronáutica por deficiencias operacionales. En uno de los hechos relatados por algunos pasajeros, estaba la explosión de un motor de un aparato en pleno vuelo. Yo me quedé asombrado y todo lo que me había sucedido hace algunas horas tomó sentido. Incluso las palabras de la azafata: en la fila de emergencia no se duerme.

1 Comentario(s)

  1. La verdad es que es preocupante la serie de incidentes que se han presentado en distintos vuelos. Quiere decir que la mantención de los aviones es deficiente o simplemente estas aeronaves están ya obsoletas habiendo cumplido su ciclo operacional.


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